Dibujo  Técnico - Geometría Descriptiva - Expresión Gráfica
 
Clases de APOYO TORRES-AZA         Antonio AZA
Clases a Domicilio o presenciales  Madrid SPAIN  tf.- +34670720583 - 914964220 
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 Se agradecen unas ayuditas.-

PROBLEMAS SOLUCIONADOS GRACIAS A TODOS!


Hola. Soy un profesor que ha sufrido un desahucio de piso y de negocio de enseñanza.

Clases de apoyo TORRES-AZA (WWW.TORRESAZA.COM). A consecuencia de ambos he estado unos días en la calle y en el albergue de San Isidro un mes y medio.

 He estadonen una vivienda compartida del ayuntamiento por medio de PROVIVIENDA y he solicitado  hace 24 meses vivienda en el IVIMA. Sin que todavía tenga resultados. Actualmente doy algunas clases a domicilio, pero por cada alumno empleo 4 h entre la clase y las combinaciones del metro y tengo dificultades motrices.

Me vendría bien una pequeña habitación para vivir y continuar con mis clases para universitarios, pues no cobro absolutamente ningún sueldo.
Termina mi estancia en PROVIVIENDA el 31 de AGOSTO y no quisiera volver al albergue. Desde entonces sigo de albergue al hospital 3 meses y ahora en situacón e calle. (MARZO-2014)

Un saludo. Antonio. WhatsApp 670720583

NOTA.- Actualmente ya vivo en unos apartamentos tutelados por la Comunidad de Madrid. percibiendo una pensión no contributida de 368 €/mes

Aquí os pongo unos enlaces sobre la trayectoria en los medios de mis desahucios

            La encantadora Carmen Alcayde
Sobre mí:  Entrevista en prensa  -
Entrevista de radio
 Reportaje Tele-Cinco 27/12/2012 -
Entrevista Telecinco 1 / 2 / 3 / 4


Perder con clase

PEDRO SIMÓN MADRID/ 11/11/2012 El MUNDO

 

Antes de que se agachara a coger aquella colilla pisoteada, la soplara y se la acercara a los labios, Antonio Aza -63 años- fue estudiante de Arquitectura, profesor de Geometría Descriptiva de 4.000 alumnos, director de una academia con 11 profesores y dos secretarias y tuvo hasta una pitillera cara.

Madrid arde en la parrilla de mediados de junio y el albergue de San Isidro es un hogar a fuego lento. Antonio ve el pitillo consumido en el suelo y lo mira como quien encontrara un Rolex. Antonio se agacha y mira en rededor celebrando el tesoro. Ya vemos cómo se está agachando. Ya vemos cómo coge la boquilla con el pulgar y el índice. Y en la escena de tomar la decisión de postrarse, coger la inmundicia, tratar de limpiarla y encenderla, nos queda una biografía: la calada sabe a vergüenza.

Detrás de Antonio Aza está el hijo del mecánico de la base aérea de Torrejón y el chaval del 10 en Latín y del 10 en Matemáticas; el estudiante que compaginaba sus estudios universitarios con sus pinitos como profesor para ayudar en casa; el hombre que se casó a los 25 años y el que se divorció siete después; el docente que acabó dando clases durante cuatro décadas y el turista que recorrió Belice, Siria, Tailandia o la India; el dueño de la academia de dibujo técnico para arquitectos Torres-Aza y el desahuciado que coge una colilla del suelo para fumar.

De toda esta batidora, nos queda una estampa surrealista. Es de hace cinco meses, cuando un alumno de Arquitectura de la universidad Alfonso X aún iba a buscarlo al albergue. Se lo llevaba en coche a su casa cerca de Ferraz. Le pagaba 15 euros por clase. Y luego le devolvía al gueto.

- «Cuando me divorcié, mi ex y yo vendimos la casa y repartimos el dinero a medias. Todo lo que saqué lo metí en la academia», comienza. «Cuando mis padres murieron, lo poco que me dejaron también lo metí en el negocio», prosigue. «Y allí estaba todo metido cuando vino mi problema de salud, el estrés, los mareos, las subidas de azúcar, y la crisis», termina.

Entonces, la lenta sangría vació la clase y la academia de dibujo para arquitectos se desplomó: 90 alumnos en 2008, 20 alumnos en 2009, tres alumnos en 2010... La tapia como encerado en 2011. El daño colateral del ladrillo esta vez era un profesor de dibujo acomodado.  

- «Por el alquiler de la academia, que ya se había convertido en una pequeña habitación, pagaba 400 euros. Por el alquiler del piso, 750... Pues bien, no podía con ello. Sin alumnos, no podía con los gastos. Debía ya siete meses de los dos sitios. Entonces me echaron de la casa: aquella noche dormí reclinado en un sofá en la academia».

Antonio era el hombre que usted vio sentado en el suelo con trazas de nuevo pobre en la plaza de Alonso Martínez. Antonio era ese Robinson (haga memoria) que estuvo tres días allí plantificado, con un carrito y un bastón, «cagado de miedo». Antonio era el profesor de media clase de Arquitectura de su hijo.

Cuando el Samur social de Madrid le despertó, le ayudó a levantarse y le dio este empujón, del director de la academia que fue, del emprendedor con 11 profesores y dos secretarias a su cargo, ya sólo quedaba Antonio. Y allí estaba al cabo de unos días, franqueando otra puerta donde aprendería un nuevo a-e-i-o-u: en el albergue de San Isidro, le llamaban El Catedrático.

- «Perdí 11 kilos en aquellas semanas. El patio era una película de Almodóvar. Gente muy jodida por las drogas. Muchos problemas de salud. Peleas. Personas extranjeras. Y luego gente como yo. Que no se creía lo de estar allí, pero que estaba. Te asustabas nada más entrar. Te asustabas cuando te veías haciendo cosas que nunca habías hecho».

El entusiasta profesor de Geometría Descriptiva, Dibujo Técnico y Expresión Gráfica -aún mantiene su web www.torresaza.com y da clases a cuatro alumnos en una habitación que alquila por cinco euros la hora- vive en una casa facilitada por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid que tendrá que abandonar en enero, tiene solicitado un piso de primera necesidad y ha pedido una renta mínima de inserción.

Si lo ven andando por la calle con un carrito de la compra no piensen que viene de la tienda, no. Es que lo lleva así -delante de él-, porque sufre mareos, las piernas le fallan y el objeto le sirve como andador.

- «A la calle no pienso volver por nada del mundo. Para algunas cosas sigo siendo un señor. Pegarme un tiro tampoco, porque no tengo pistola. Y no me voy a matar con un cartabón».

Es Antonio el que se va radiante, rebusca entre sus cosas y regresa al tanto con un tesoro.

-Mirad, qué os dije.

Soplará Antonio el objeto que trae para quitarle el polvo, como el día en que lo hizo con la colilla que parecía un Rolex. Nos acercará la placa y leeremos: «Curso 81-82. A nuestro profe de cabecera de sus alumnos que son la pera».

Sonríe Antonio con tiralíneas, conmovido, pero en este silencio que estalla le asoma un borrón de tintero caído.

 

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